Un pájaro aprende a volar
cada vez que me digno a pronunciar tu nombre.
Un ciego comienza admirar
la belleza que existe detrás de la oscuridad
y el sentir de cada lunar que se encuentra en la espalda.
Un sordo se enamora
de unos labios que al parecer,
son los únicos que le hacen perder la cordura.
Un mudo le encuentra mas sentido
a una mirada que en palabras que al final se desaparecen,
que no puede ni pronunciar.
Un atardecer cae cada vez
que lo pronuncio.
Y yo,
simplemente sigo viviendo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario